Alimentos que NO son saludables

Cada vez es más conocida la sentencia de que los azúcares añadidos de nuestra dieta no nos aportan salud, ya provengan del azúcar de mesa, la miel, el néctar de agave o el jarabe de arce. Dichos alimentos no contienen vitaminas, minerales ni fitoquímicos que nos ayuden a mejorar la salud general, pero sí contienen muchas calorías vacías.

El azúcar añadido potencia el consumo excesivo por placer y los circuitos cerebrales de recompensa. Ello crea una relación psicológica nociva con lo que comemos y crea hábitos difíciles de romper, lo que lleva a más consumo excesivo y a una adicción al azúcar.

El consumo excesivo lleva a una desregulación hormonal y metabólica, que inflama el cuerpo y favorece trastornos como la resistencia a la insulina, la diabetes y la obesidad. Además, el azúcar altera el delicado equilibro de las bacterias intestinales, lo que genera problemas digestivos e inflamación intestinal. Por ello su eliminación total durante los 30 días que dura El método Whole30 (c) es primordial. (Ya veremos que en la variante que progongo se pueden incluir algunos granos).

Por su parte el alcohol, se trata de una fuente muy concentrada de calorías que casi duplica en densidad calórica al azúcar, si se compara gramo con gramo, pero no contiene ningún elemento nutritivo real.

El alcohol, asimismo, dificulta que el cuerpo controle eficazmente los niveles sanguíneos de azúcar y potencia de manera directa los cambios en la capa protectora intestinal, lo que contribuye a la aparición de permeabilidad intestinal, generando una inflamación que se inicia en el intestino, pero que se traslada a cualquier parte del cuerpo. Por ello su consumo está estrictamente prohibido durante los 30 día del método.

¿Qué pasa con los cereales? Tanto los cereales refinados como los integrales potencian un consumo excesivo, lo que genera alteraciones hormonales y metabólicas. Además, contienen proteínas inflamatorias como el gluten, y carbohidratos fermentables que pueden generar un desequilibrio de las bacterias intestinales y provocar inflamación corporal.

La inflamación que se inicia en nuestros intestinos, y que a menudo causa una gran variedad de trastornos digestivos, también viaja a través del cuerpo, ya que los componentes inflamatorios de los cereales permiten que varias sustancias atraviesen indebidamente las paredes intestinales y lleguen allá donde llega la sangre.

Ello suele manifestarse en forma de dolencias como asma, alergias, problemas dermatológicos o de fertilidad, migrañas, dolor articular y otros síntomas que puedes no haber asociado nunca con lo que comemos. Los cereales también contienen los llamados antinutrientes que hacen que el cuerpo no pueda aprovechar minerales tan valiosos como el calcio, el magnesio y el zinc, presentes en esos mismos cereales. A causa, en parte, de esos fitatos, todos los cereales son muy pobres en nutrientes, sobre todo si se comparan con la fruta y la verdura.

Los productos lácteos derivados de las leches de vaca, oveja y cabra contienen factores diseñados para ayudar a crecer deprisa a los mamíferos recién nacidos.

Pero los factores de crecimiento presentes en los productos lácteos, junto con algunos factores inmunitarios y proteínas inflamatorias, pueden no resultar beneficiosos para nuestros cuerpos adultos. La porción de carbohidratos de la leche junto con sus proteínas producen una respuesta sorprendentemente elevada a la insulina, que podría resultar inflamatoria en el cuerpo y que, además, potencia trastornos como la obesidad y la diabetes.

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